LOS CHISTES DE CHÁVEZ Y EL HUMOR EN KUNDERA
“Y solo él parlotea y a todos, a golpes,
Un decreto tras otro, como herraduras, clava:
En la ingle, en la frente, en la ceja, en el ojo…”
Osip Mandelstam.
Desde mi lectura de “El maestro y Margarita” de Bulgákov, el descubrimiento de las novelas de Kundera anteriores a su exilio en Francia y las novelas de Hrabal y Esterhazi, he desarrollado un especial gusto por la producción literaria bajo el signo del totalitarismo, sea de derecha o de izquierda, sea fascista o comunista, sea integrista cristiano o de cualquier otro signo. Sea desde las víctimas o desde los victimarios. De igual modo, desarrollé un desprecio visceral contra toda suerte de estéticas comprometidas políticamente, especialmente aquellas que cantan, narran, pintan o esculpen a favor de un régimen totalitario de cualquier tipo… o que lo añoran con la esperanza de ser áulicos del régimen.
No puedo dejar de mencionar que soy uno de los ‘héroes’ que, luego de leer “La rebelión de las ratas” en el colegio, pude volver a leer novelas.
Bajo ninguna circunstancia estoy indicando que el campo de lo literario sea ‘estéticamente puro’ o un ‘reflejo de la sociedad’, o que deba serlo. Sostengo que aún los más sofisticados y acaramelados poemas, esos que nos aprendemos en la escuela y luego imitamos para enamorar mediocremente, expresan apuestas políticas y jerarquías sociales, culturales, de clase, de etnia, de preferencias sexuales, de género, entre otras. Las expresan y las solapan, las ocultan, las cifran… y podemos leerlas, mientras otros hacen tesis doctorales. Tampoco soy de aquellos que defienden cánones literarios y descalifica a otros lectores con epítetos como ‘miembros de la escuela del resentimiento’ o cosas semejantes, pero no creo que algo escrito, pintado, cantado, narrado o esculpido, tenga valor por aspectos biográficos, por determinantes que sean, de este o aquel ‘autor’.
Cuando empecé a leer al Kundera anterior al exilio en Francia, anterior a su novela celebrada mundialmente, “La insoportable levedad del ser”, supe que sentía un especial regusto al leer las cifradas experiencias humanas bajo los totalitarismos, máxime cuando estos textos estaban dotados de un refinadísimo humor, tan refinado como cáustico. Podría decirse que, en tanto el totalitarismo comienza su lento ingreso en la vida política y personal, con él se va el humor. Eso es lo que dice Kundera repetidamente en sus novelas, en las escritas bajo el totalitarismo comunista en su natal Bohemia.
Sin embargo, quienes tenemos la posibilidad de ver a Chávez en su “aló presidente” y estamos dotados de una impenitente curiosidad, solemos verlo contar chistes y como repuesta obtiene las batientes carcajadas del auditorio que resuenan en el Teresa Carreño (nueva sede de gobierno). Son buenos sus chistes, por que no reconocerlo, bromea en verdad… y cada chiste precede una amenaza. Y sus manos se agitan en el aire y las risas siguen. Y grita… vocifera enardecido… y el auditorio ríe. Y en el clímax del chiste… corrige la historia, rehabilita tiranuelos decimonónicos, construye una genealogía del bolivarianismo, desafía a Bush, corrige al Papa, señala planes de ‘magnicidio’… (sí, y ese no es un chiste, se refiere a su asesinato como un magnicio). Entre risas, amenazas y desafíos, se construye el socialismo del siglo XXI en directo, por la televisión estatal venezolana. Y eso sí que es un acontecimiento.
Estaba tentado a comparar los chistes de Chávez con el humor de aquellos que crecieron bajo el influjo de totalitarismos y pueden narrar su experiencia fina y crifadamente, pero eso puede hacerlo el lector sin problemas. Mientras tanto, yo me divierto mucho viendo a Chávez, mucho más aún cuando veo a sus contradictores políticos, no por que alguno sea un grotesco humorista mediocre, sino porque quienes defienden la democracia, a occidente, a la civilización y el capitalismo, venden su idea mostrando la importancia de estudiar para progresar, salir adelante y comprar carrito.
Mientras leía “La pequeña pornografía húngara” de Peter Esterházy, su humor y erotismo me mostraron la futilidad y ridiculez de un régimen empeñado en construir un lago artificial para que los cuadros del partido descansen de sus tareas titánicas en la conducción del pueblo húngaro hacia el comunismo, divertimento que en Moscú disfrutaban los miembros más destacados del partido en sus muchos balnearios. El mismo comunismo que, según un viejo chiste, se encontraba en el horizonte, el cual es definido como “línea imaginaria que entre más nos acercamos más se aleja”. Nuestro vecino está construyendo el socialismo del siglo XXI, un socialismo bolivariano, un socialismo mediático. Esa sí que es una oportunidad para los analistas políticos, una oportunidad que los lectores de novela podemos seguir como la trama de una novela, o de una telenovela si prefiere, que según algunos ingenuos no tiene guión.
Juan Felipe Garcés G.
Villa de las Candelas, entre Brisas y Tejelo, Junio de 2007.
miércoles, 13 de mayo de 2009
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